
En un altillo chico, con pocos muebles pero poco lugar, un ojo de buey entreabierto, irradia escasos rayos de sol, que se mesclan con la calides del desprolijo habiente.Pelusitas minúsculas se pasean por doquier, solo vicibles con los rayos de la circular ventana, casi indescriptibles, danzan en el aire como arlequines, como esperando a que alguien las atrape con su aliento, como esperando que alguien les indique a donde ir.
Dos colchones ocupan casi la mayor parte de la habitación.Libros, ropa por todos lados, una taza con oscuro y alto contenido cafeinico acaba de volar por el aire, entrando en trance con el segundo colchón, provocando una suerte de inundación entre la almohada y yo.Al costado un cenicero repleto.Siguiendo con el texto anterior, algo habitual para mi persona.Habitual para mis días un sonido radio-maniaco se filtra por mis oídos.
Los murmullos probocan desorientacion.




